sábado, 28 de febrero de 2009

La fe y la patria


“…en la vida de un cristiano no puede estar ausente el presente, la historia como el futuro de su Patria. Jesucristo amó a su tierra, es más, lloró por Jerusalén. El cristiano debe amar a su tierra.”

Por Mons. José María Arancedo


Al iniciar la Cuaresma de este año, y ya próximos a la celebración del Bicentenario de nuestra Patria, deseo compartir algunas reflexiones que nos ayuden a vivir este tiempo litúrgico, pero considerados desde el compromiso del cristiano como ciudadano, es decir, como hombre o mujer responsables del bien de la comunidad en la que viven. Como les decía la semana pasada, en la vida de un cristiano no puede estar ausente el presente, la historia como el futuro de su Patria. Jesucristo amó a su tierra, es más, lloró por Jerusalén. El cristiano debe amar a su tierra.

Frente a un panorama no siempre alentador en la vida política y social de nuestro país, no debemos olvidar, sin embargo, como nos recuerda Aparecida, que: “Los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras” (Ap. 30). Esta afirmación es un acto de fe en la fuerza del Evangelio, pero también me habla de mi responsabilidad en las cosas temporales. La fe no me aísla del mundo, sino que me compromete más profundamente con él.

La fe nos enseña que todo cambio, para que sea verdadero, debe pasar por el corazón del hombre. No se trata de cambiar estructuras, sino de cambiar al hombre: sin hombres nuevos no habrá un mundo nuevo. Esta certeza de la fe nos hace realistas, no ingenuos, y nos preserva de utopías sin raíces que no buscan cambiar el corazón del hombre, sino sólo una adhesión exterior que siempre es pasajera. El clientelismo en política desvaloriza al hombre y corrompe la cultura de la sociedad.

El cristiano, como ciudadano responsable, está llamado a participar en la creación de condiciones más justas que eleven el nivel de vida del hombre y su familia, de modo especial, de aquellos hermanos nuestros que más sufren o padecen el drama de la pobreza y marginalidad. Esto, que fue una opción para Jesús, no puede estar ausente en la vida y oración de nuestra cuaresma. Conversión a Dios y solidaridad con el que sufre, son dos caras de la misma fe cristiana.

No todos tenemos vocación política para ocupar un cargo o formar parte de una lista partidaria, esto es muy noble y necesario para la vida de la sociedad; pero sí todos debemos sentirnos responsables de la vida moral y social, sea de nuestro pueblo o ciudad, como de la Patria. La fe en Dios, como la recibimos de Jesucristo, es un hecho que debe tener consecuencias sociales y políticas. La fe no nos aísla, decíamos, nos debe comprometer con el bien común al servicio de nuestros hermanos.

Deseándoles un buen fin de semana en compañía de sus familias y amigos les hago llegar, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición de Obispo y amigo.

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"Ayunar es amar"


Dios continúa diciéndonos: “Desgarren sus corazones, y no sus vestidos”. Nuestros gestos, nuestras mortificaciones, nuestros sacrificios, sólo tienen valor si proceden del corazón, si expresan un amor.
Mensaje del cardenal Bergoglio con motivo del inicio de la Cuaresma.



Hay algunos paisajes a los que nos terminamos acostumbrando de tanto verlos. El gran riesgo del acostumbramiento es la indiferencia: ya nada nos causa asombro, nos estremece, nos alegra, nos golpea, nos cuestiona. Algo así puede pasarnos con el triste paisaje que asoma cada vez con más fuerza en nuestras calles. Nos acostumbramos a ver hombre y mujeres de toda edad pidiendo o revolviendo la basura, a muchos ancianos durmiendo en las esquinas o en los umbrales de los negocios, a muchos chicos durante el invierno acostados sobre las rejillas de los tragaluces de los subtes para que les suba algo de calor. Con el acostumbramiento viene la indiferencia: no nos interesan sus vidas, sus historias, sus necesidades ni su futuro. Cuántas veces sus miradas reclamadoras nos hicieron bajar las nuestras para poder seguir de largo. Sin embargo es el paisaje que nos rodea y nosotros, queramos verlo o no, formamos parte de él.

A este corazón acostumbrado viene a despertarlo y rescatarlo del mal de la indiferencia “la trompeta que invita a hacer sonar el profeta” con la que se inicia este tiempo de cuaresma. Y a palabra del Dios que ama con desmesura a todos sus hijos nos dice con ternura “Vuelve a mí de todo tu corazón”. Ese es el deseo de Dios: que nosotros, que a veces nos encontramos y vivimos lejos de él, volvamos no por obligación, no de mala gana, no por miedo… sino de “todo corazón”.

Es lo esencial de este tiempo que iniciamos: aceptar la invitación a entrar más y más en la intimidad del Señor. Es una palabra de amor a nosotros, hombres que tenemos la tendencia de poner siempre el acento en los “cumplimientos”. Por eso Dios continúa diciéndonos: “Desgarren sus corazones, y no sus vestidos”. Nuestros gestos, nuestras mortificaciones, nuestros sacrificios, sólo tienen valor si proceden del corazón, si expresan un amor.

Uno de los pilares de nuestro camino de preparación cuaresmal es el ayuno; pero éste debe partir del amor y llevarnos a un amor más grande. El ayuno que Dios quiere sigue siendo “partir nuestro pan con el hambriento, albergar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no dar la espalda al hermano”.

Ayunar desde la solidaridad. Hoy sólo se puede ayunar trabajando para que otros no ayunen. Hoy sólo se puede celebrar el ayuno asumiendo el dolor y la impotencia de millones de hambrientos.

Quien no ayuna por el pobre engaña a Dios. Ayunar es amar. Nuestro ayuno voluntario debe ayudar a impedir los ayunos obligados de los pobres. Ayunemos para que nadie tenga que ayunar.

Este miércoles de Ceniza iniciamos, como Iglesia en Buenos Aires, una vez más “El Gesto solidario de cuaresma”. Y deseamos que sea la respuesta de una comunidad de discípulos que se preparan a seguir un camino de conversión para “hacer ayuno” de verdad. Un ayuno que sea signo de solidaridad con los que ayunan involuntariamente, un signo de justicia en un mundo cruel donde a unos se le hincha el estómago de comer y a otros el vientre de no comer; un ayuno que es no una imposición, sino la necesidad de manifestar la gratitud por el amor entregado de Jesús que nos dio la Vida, y continúa dándola.


25 de febrero de 2009 – Miércoles de ceniza
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Reflexionando el Domingo: Convertirse a la libertad y a la alegría

El Evangelio es el camino de la conversión continua: volver la espalda a los ídolos y volvernos al amor de Dios y del prójimo, todos los días.
Domingo 1º Cuaresma- B / 01-03-2009


Por el P. Jesús Álvarez, ssp

Enseguida el Espíritu lo empujó al desierto. Estuvo cuarenta días en el desierto y fue tentado por Satanás. Vivía entre los animales salvajes y los ángeles le servían. Después de que tomaron preso a Juan, Jesús fue a Galilea y empezó a proclamar la Buena Nueva de Dios. Decía: - El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Conviértanse de sus caminos equivocados y crean al Evangelio.
(Mc 1,12-15).

Jesús estuvo expuesto a las mismas tentaciones a que acosan a toda persona humana, para enseñarnos a mantenernos libres frente a los ídolos de hoy: el poder, el placer y la riqueza, cuyos adoradores tratan de esclavizarnos también a nosotros y arrebatarnos la libertad, la dignidad y la alegría de vivir como hijos de Dios.
Si el mismo Hijo unigénito de Dios sufrió tentaciones, no podemos pretender que nosotros –aunque hijos de Dios- no estamos sometidos a las mismas; y más aun: cedemos ante los ídolos, tal vez sin advertirlo, o sin querer darnos cuenta.
Necesitamos verificar si quizás no estamos transitando por los caminos equivocados que transita la multitud de quienes se han rendido a esos ídolos, y que están programados como autómatas para la “esclavitud de la alienación”: libres para hacer lo que quieran, con tal que quieran lo que se les sugiere y les halaga de inmediato. Mecanizados y manipulados como robots sin vida digna propia, incapaces de opciones nobles, despojados de los valores permanentes que no se esfuman con el rápido paso del tiempo.
Por eso es plenamente válida y actual también para nosotros la invitación de Jesús: “Conviértanse y crean al Evangelio”. El Evangelio es el camino de la conversión continua: volver la espalda a los ídolos y volvernos al amor de Dios y del prójimo, todos los días. Jesús nos da ejemplo de libertad frente al poder, al placer y al dinero, a fin de que esos dones de Dios no se conviertan para nosotros en ídolos al servicio del egoísmo, del mal y de la muerte.
La Iglesia nos propone en la cuaresma -camino hacia la Pascua-, tres recursos de conversión al amor, a la libertad y a la alegría de los hijos de Dios: la oración, la limosna y el ayuno.
La oración nos libra de la esclavitud al ídolo-poder. En la oración el ser humano vive su finitud de criatura y su máxima grandeza, por ser imagen e hijo de Dios, mediante el trato filial y de amistad con él, de tú a tú, lejos de todo cumplimiento. La oración es el máximo poder del hombre, pues en ella se pone a su disposición la omnipotencia del mismo Dios. "Es el poder del hombre y la debilidad de Dios". El Infinito se abaja a nosotros. ¡Qué inmensa dignación! La oración es conversión al amor a Dios.
La limosna nos hace libres frente al ídolo-dinero y a los bienes materiales. Nos hace capaces de compartir, sobre todo con los más necesitados, pues Dios nos ayuda para que ayudemos. No podemos merecer los dones de Dios si luego nos negamos a compartirlos. Sólo recibiremos de Dios el ciento por uno de lo que compartimos y de lo que gozamos con gratitud y orden. Todo lo demás se pierde. La limosna es conversión al amor al prójimo.
El ayuno nos hace libres frente al ídolo-placer, al ayunar de lo que perjudica al prójimo, a nosotros mismos, a la creación y al Creador. El ayuno nos ayuda a gozar con orden, intensidad y gratitud el placer de vivir y todos los demás placeres con que Dios nos hace gratificante y feliz –incluso a pesar del sufrimiento- la existencia física, moral, espiritual, familiar y social, como aperitivo de los inmensos placeres eternos. El ayuno es conversión al justo y necesario amor a sí mismo, pues nos abre a los gozos del banquete eterno.
El placer hecho ídolo termina envenenando todo placer y cierra el camino hacia el placer del paraíso eterno. Hacernos esclavos del placer, es vender nuestra herencia eterna por un plato de lentejas. Huyamos de tan fatal e irremediable fracaso.
Necesitamos aferrarnos a Cristo resucitado, presente, el único que puede librarnos del poder aniquilador de los ídolos. Donde está Cristo, no hay espacio para los ídolos. Sólo su presencia pascual y su Palabra nos librarán de la esclavitud del poder, del placer y del dinero.
“El reino de Dios está cerca…, dentro de ustedes”. “Conviértanse y crean en el Evangelio”. “¡Venga a nosotros tu reino!”

Génesis 9, 8-15
Dios dijo a Noé y a sus hijos: «Yo establezco mi Alianza con ustedes, con sus descendientes, y con todos los seres vivientes que están con ustedes: con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes; con todos los animales que salieron del arca, en una palabra, con todos los seres vivientes que hay en la tierra. Yo estableceré mi Alianza con ustedes: los mortales ya no volverán a ser exterminados por las aguas del diluvio, ni habrá otro diluvio para devastar la tierra». Dios añadió: «Éste será el signo de la Alianza que establezco con ustedes, y con todos los seres vivientes que los acompañan, para todos los tiempos futuros: Yo pongo mi arco en las nubes, como un signo de mi Alianza con la tierra. Cuando cubra de nubes la tierra y aparezca mi arco entre ellas, me acordaré de mi Alianza con ustedes y con todos los seres vivientes, y no volverán a precipitarse las aguas del diluvio para destruir a los mortales».

Los contemporáneos de Noé pasaron improvisamente de su seguridad e idolatría a la aniquilación. ¿No sigue sucediendo también hoy algo semejante? Aunque las catástrofes sólo alcancen sólo a una pequeña parte del mundo. Pero el arco iris sigue apareciendo entre las nubes como garantía de la fidelidad de Dios a su Alianza, y no sólo no destruye la humanidad y la creación a causa del pecado, sino que las defiende contra la iniquidad destructora de las fuerzas del mal.
Dios hace Alianza -promete la bendición de su presencia conservadora y salvadora- a favor de todos los hombres y de toda la creación, porque Dios ama las obras de sus manos y no las abandona a los superpoderes destructores.
Mas hoy la Alianza, el arco iris de Dios es una persona: Cristo resucitado, Luz del mundo, que nos llama a la conversión continua y a colaborar con él en conducir la historia, la humanidad y la creación por misteriosos caminos hacia la resurrección y la gloria. Y lo hace desde la Iglesia, en especial desde la Eucaristía, mediante la cual llega la salvación a toda la humanidad, incluso a las víctimas de los desastres naturales, del egoísmo, del odio, del hambre y de las guerras.

1Pedro 3, 18-22
Queridos hermanos: Cristo padeció una vez por los pecados -el justo por los injustos- para que, entregado a la muerte en su carne y vivificado en el Espíritu, los llevara a ustedes a Dios. Y entonces fue a hacer su anuncio a los espíritus que estaban prisioneros, a los que se resistieron a creer cuando Dios esperaba pacientemente, en los días en que Noé construía el arca. En ella, unos pocos -ocho en total- se salvaron a través del agua. Todo esto es figura del bautismo, por el que ahora ustedes son salvados, el cual no consiste en la supresión de una mancha corporal, sino que es el compromiso con Dios de una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que está a la derecha de Dios, después de subir al cielo y de habérsele sometido los Ángeles, las Dominaciones y las Potestades.

Cristo murió una sola vez, pues su muerte y su resurrección tienen una eficacia infinita de perdón y salvación a favor de la humanidad. Y sin embargo, la salvación sólo la alcanzan quienes la acogen con la conversión, ya sea de forma consciente o sin saberlo. Un vaso sólo se puede llenar si está boca arriba.
Entre su muerte y su resurrección Jesús fue a anunciar la salvación “a los espíritus que estaban prisioneros” por no creer en Dios. Esto nos recuerda lo dicho por Jesús: “A los hombres se les perdonarán todos los pecados, menos el pecado contra el Espíritu Santo”, y: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”.
Las aguas del diluvio -que lavaron la tierra de la corrupción-, son figura del bautismo, que nos lava del pecado y nos hace hijos de Dios, con derechos divinos y el compromiso de vivir en relación filial con él, mediante una conciencia pura y un corazón sumiso. Así alcanzaremos un día la plenitud de la filiación, “viéndolo cara a cara, tal cual es”.

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Los ecocidios del norte y del sur. ¿Podemos nosotros obamizarnos?

El nuevo siglo encontró que el poder inversor del campo apostaba a la soja con sus efectos adversos concomitantes: desmonte, sequía, incendios, empobrecimiento de la tierra.

Por el Padre Leonardo Belderrain

Como señala la doctora Torello, a principios del siglo XIX, el medio oeste de EEUU era una inmensa pradera de pasto alto hasta el pecho de un hombre. Había cientos de miles de búfalos viviendo en estas tierras y tribus aisladas de indios que vivían de los búfalos. Los pioneros europeos que cruzaban esa pampa para ir al oeste o al sur, arrancaron el pasto para hacer caminos.
Mas tarde entendieron que el búfalo era tan esencial para los indios que exterminarlos seria suficiente para acabar con las tribus. Por varias décadas se dedicaron a la matanza sistemática de búfalos, lo que hambreo y debilito a los indios que una vez sumidos en la miseria fueron transportados a reservaciones.

Con la ruta abierta a los colonos, el gobierno ofreció tierra gratuita a quienquiera se comprometiera a cultivarla. Millones de personas de todas partes del mundo aceptaron el desafió, ocuparon la pradera y delimitaron sus propiedades. Al principio hicieron lo más lógico: reemplazaron los búfalos por ganado y los alimentaron con el producto de la tierra. Después vinieron los granjeros. Cortaron todo el pasto y plantaron trigo y maíz. El ciclo meteorológico de las planicies es tal que cada 10 o 20 anos hay un periodo de sequía. La tierra estaba preparada para soportar pastos resistentes a condiciones áridas pero no cultivos masivos. Por mas de 50 anos hubo explotación y cultivo intensivo de la tierra y cosechas record que bajaron el precio de los granos debido a su abundancia. A principios de los anos 30, empezó una sequía mas intensa y prolongada que nada que los campesinos hubieran visto antes. El maíz se seco y el viento se lo llevo. Para entonces no había pasto que diera soporte a la tierra y a medida que el viento soplaba se llevaba a la tierra. El polvo mato a los animales y hambreo a la gente. A medida que continuaba, el polvo empezó a matar poblaciones. Los niños se murieron de una forma de neumonía causada por el polvo.
Muchos pueblos desaparecieron y la migración interna mas grande que haya tenido lugar en el país tuvo lugar. la mayoría de ellos se fue a California pero el país estaba en medio de una depresión y se quedaron por el camino, se murieron o se volvieron vagabundos o trabajaron de tiempo en tiempo por la comida. Esa fue la consecuencia del daño hecho a los búfalos y a los indios. Para entonces Roosevelt era presidente y se las ingenio para arreglar las cosas. Pero esa es otra historia. Y eventualmente, empezó a llover.

Aquí sucedió algo similar pero los españoles se cruzaron mas con los indígenas y el mestizaje dio pruebas de una acomodación menos cruel en el nacimiento de la nueva cultura.

De todas maneras con el tiempo la nueva aristocracia criolla aposto al monocultivo del trigo y el maíz y fuimos el granero del mundo durante las guerras mundiales del siglo pasado. El nuevo siglo encontró que el poder inversor del campo apostaba a la soja con sus efectos adversos concomitantes: desmonte, sequía, incendios, empobrecimiento de la tierra.

La suerte de los indígenas que dieron origen a un mestizaje con el peronismo tuvieron un momento un fuerte momento de protagonismo histórico Con Menem se quiso modernizar el país y solo se hablo de revolución productiva. las estrategias neoliberales y las privatizaciones destruyeron el aparato productivo hubo mas recensión desempleo y se incremento la brecha entre los ricos y los pobres frustrándose una vez el protagonismo de los sectores populares.

Para algunos en la gestión K apareció una nueva esperanza para otros ya esta agotada Una mujer blanca que podría no hacerse “oscura ” entre los hilos del poder complicados con la efedrina los desmontes de la familia Urrutubey y la compra de terrenos fiscales de los familiares del poder político del Clafate. Estamos con la posibilidad de salir de aquel terreno anegadizo como los tártagos que se arraigan a la tierra en los momentos mas difíciles. Necesitamos empresarios blancos que sientan por la piel negra y mestizos que puedan pensar con una mente empresaria. ¿Sería una Cristina mas desintoxicada de los poderes adquiridos? ¿Sería De Narváez menos rubio? o ¿seria algo mas nuevo de la izquierda?
El desafío de la nueva cultura pasa por poner a la cabeza de nuestras democracias gente que pueda hablar y gerenciar desde el poder del alma. Esperemos que vengan pronto los reconciliados sin odio que subsanen la deuda interna con los indígenas los mestizos y el suelo.
Creo que este discurso de Obama manifiesta por donde pasa lo nuevo en la política de occidente


Afirmaciones del Presidente Barack Obama

Desayuno Nacional de la Oración


Jueves, Febrero 5, 2009

Washington, DC “ Buenos días. Quiero agradecer a los organizadores de este desayuno, los Representantes Heath Shuler y Vernon Ehlers. También quisiera agradecer a Tony Blair por venir hoy, así como a nuestro Vicepresidente, Joe Biden, a miembros de mi Gabinete, miembros del Congreso, clérigos, amigos y dignatarios de diversas partes del mundo.
Michelle y yo nos sentimos honrados al compartir con ustedes nuestra plegaria de esta mañana. Sé que este desayuno tiene una larga historia en Washington, y como la fe ha sido siempre una fuerza orientadora en nuestra vida familiar, nos sentimos como en casa, y esperamos mantener esta tradición activa durante el tiempo en que estemos aquí.

Es una tradición que según me han dicho, comenzó en la ciudad de Seattle. Transcurría el momento culminante de la Gran Depresión, y la mayoría de la gente se encontraba sin trabajo. Muchos cayeron en la pobreza. Algunos lo perdieron todo.

Los líderes de cierta comunidad hicieron todo lo posible por aquellos que estaban sufriendo en aquel lugar. Y luego decidieron hacer algo más: comenzaron a rezar. Independientemente de cual fuera la parcialidad o afiliación religiosa a la que perteneciera cada uno. Simplemente se reunieron una mañana como hermanos y hermanas para compartir una comida y para hablar con Dios.

Esos desayunos rápidamente se diseminaron por todo Seattle, y luego por distintas ciudades y pueblos a través de América, hasta llegar a Washington. Y poco tiempo después que el Presidente Eisenhower pidiera a un grupo de Senadores si podían acompañarlo en su desayuno de oración, se convirtieron en un evento nacional. En el momento actual, al ver aquí presidentes y dignatarios de todas partes del mundo, se me hace evidente que esta es una de las raras ocasiones que aún es capaz de reunir a gran parte del mundo en un momento de paz y buena voluntad.

Cuento esta historia porque con demasiada frecuencia hemos visto que se utiliza la fe como herramienta para dividir a unos de otros; como una excusa para el prejuicio y la intolerancia. Se han emprendido guerras. Se han ejecutado inocentes. A lo largo de los siglos, religiones enteras han sido perseguidas, siempre en el nombre de lo que se cree correcto.

Sin duda la misma naturaleza de la fe muestra que nuestras creencias nunca serán iguales. Leemos diferentes libros. Seguimos diferentes mandatos. Estamos suscriptos a diferentes relatos acerca de cómo fue que llegamos aquí, y adonde iremos luego, - y algunos no profesan absolutamente fe alguna.

Pero independientemente de aquello en que elijamos creer, recordemos que no existe ninguna religión cuyo credo central sea el odio. No existe Dios que consienta la eliminación de seres humanos inocentes. Esto lo sabemos muy bien.

Sabemos también que a pesar de nuestras diferencias, hay una ley que vincula a las grandes religiones. Jesús nos dijo "ama a tu prójimo como a ti mismo". La Torah ordena: "aquello que sea malo para ti, no lo hagas a tus semejantes". En el Islam, hay una enseñanza que afirma: "ninguno cree realmente hasta que desea para su hermano lo mismo que desea para si". Y lo mismo vale para los Budistas, los Hinduistas, los seguidores de Confucio y para los humanistas. Es, por supuesto, la Regla de Oro – la propuesta que nos invita a amarnos, a entendernos, a tratar con dignidad y respeto a todos aquellos con quienes compartimos un breve momento en esta tierra. Es una regla antigua, una regla simple, pero también uno de los mayores desafíos. Porque pide de cada uno de nosotros que tomemos responsabilidad por el bienestar de gente que tal vez no conocemos ni admiramos y con quienes tal vez no coincidimos en todo. A veces, nos pide que nos reconciliemos con acérrimos enemigos, o que resolvamos viejas disputas. Y eso requiere una fe activa, vital, y fervorosa. Requiere no sólo que creamos, sino que actuemos – para dar algo de nosotros para beneficio de otros y la construcción de un mundo mejor. De este modo, la fe particular que nos motiva puede promover un bien mayor para todos. En lugar de separarnos, nuestras variadas creencias pueden unirnos en la intención de alimentar al hambriento y confortar al afligido; en la intención de llevar paz donde hay conflicto y reconstruir lo que ha sido roto; para levantar a aquellos que han caído en un tiempo de dificultad. Esta no es sólo nuestra obligación como personas de fe, sino también como ciudadanos de América, y será el propósito de la Oficina de la Casa Blanca para Asociaciones Religiosas y Vecinales, que anunciaré más adelante en el día de hoy. El objetivo de esta oficina no será otorgar beneficios a favor de un grupo religioso sobre otros – ni tampoco el beneficio de grupos religiosos sobre aquellos que no lo son. Será simplemente el de facilitar el trabajo de aquellas organizaciones que trabajan para el beneficio de nuestras comunidades, y hacer eso sin borrar la línea que nuestros fundadores sabiamente trazaron entre iglesia y estado. Este trabajo es importante, porque ya se trate de un grupo que asesora a familias amenazadas por el desalojo, o de grupos de fe que proveen capacitación laboral a quienes están desempleados, pocos se encuentran tan cerca de lo que ocurre en las calles y vecindarios que estas organizaciones. La gente confía en ellas. Las comunidades creen en ellas. Y nosotros las vamos a ayudar.Trataremos también de alcanzar a líderes y estudiantes en todo el mundo para cultivar un diálogo pacífico y productivo en torno al tema de la fe. No espero que las diferencias desaparezcan de la noche a la mañana, ni tampoco creo que las antiguas perspectivas y los conflictos vayan a evaporarse repentinamente. Pero sí creo que si podemos hablar con el otro abierta y honestamente, tal vez las viejas grietas comenzarán a ser reparadas, y nuevas sociedades comenzarán a emerger. En un mundo que se hace más pequeño cada día, tal vez podamos ir dejando afuera a las destructivas fuerzas del fanatismo, haciendo lugar para el sano poder del mutuo entendimiento. Esta es mi esperanza. Esta es mi plegaria. Creo que este beneficio es posible porque mi fe me dice que todo es posible, pero también creo en base a lo que he visto y he vivido. No me crié en una casa particularmente religiosa. Tuve un padre que nació Musulmán pero se volvió ateo, abuelos Metodistas y Bautistas no practicantes, y una madre que no creía en la religión organizada, a pesar de ser la más bondadosa y espiritual persona que jamás he conocido. De niño ella me enseñó a amar y a comprender, y a tratar a otros como quisiera que me trataran a mí. No me convertí en Cristiano sino muchos años después, cuando me trasladé a la Zona Sur de Chicago luego de la secundaria. No fue por adoctrinamiento ni por una súbita revelación, sino porque pasé mes tras mes trabajando con gente de la iglesia que simplemente quería ayudar a los vecinos que estaban pasando por un mal momento – sin tomar en cuenta qué aspecto tenían, o de dónde venían, o a quién dirigían sus oraciones. Fue en esas calles, en esos vecindarios, donde por primera vez sentí el espíritu de Dios llamándome. Fue allí donde me sentí llamado para un propósito superior – Su propósito. En diferentes caminos y de diferentes formas, es ese espíritu y esa sensación de propósito lo que guió a los amigos y vecinos de aquel primer desayuno de oración en Seattle, hace tanto tiempo, en otro período de prueba para nuestra nación. Es lo guía a amigos y vecinos de tantas naciones y confesiones hacia aquí el día de hoy. Venimos a compartir el pan y a dar gracias y a buscar orientación, pero también a fortalecer nuestra dedicación a la misión de amor y servicio que yace en el corazón de toda la humanidad. Como San Agustín dijo una vez: "Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti "Así que recemos juntos esta mañana de Febrero, pero trabajemos juntos también todos los días y meses que tenemos por delante. Porque es sólo a través de la lucha y el esfuerzo común como hermanas y hermanos, que cumpliremos nuestros mayores destinos como criaturas amadas de Dios. Les pido que se unan a mí en ese esfuerzo, y también les pido que recen por mí, por mi familia, y por la continua perfección de nuestra unión. Gracias.”


Padre Leonardo Belderrain
Capilla Santa Elena, Parque Pereyra Iraola. Argentina
leonardobelderrain@ciudad.com.ar

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Volvernos hacia Jesús


Los cristianos del mundo entero, unos comenzando el otoño, otros comenzando la primavera, iniciamos el tiempo de Cuaresma. Cinco semanas preparando Pascua…
Homilía 1-03-09


Por Mons. Miguel Esteban Hesayne

Correremos el riesgo de entrar en este tiempo cuaresmal como simple fecha calendario tal cual se ha entrado en el Carnaval anual… Costumbre antiquísima con más o menos o ninguna repercusión en la vida personal…
Este riesgo lo corren aún muchas personas piadosas integrantes de nuestras comunidades cristianas. Incluso entre quienes asisten a las ceremonias cuaresmales desde la imposición de la Ceniza -la observancia de ayunos y abstinencia-hasta las ceremonias de Semana Santa…
En la situación mundial y más concretamente nacional que estamos padeciendo corremos un doble riesgo de no vivir el tiempo cuaresmal como corresponde. Las prácticas cuaresmales no son un tranquilizante de una religión espiritualista. Desde el rito de la imposición de la Ceniza, es un llamado a convertirnos a Jesús y su Evangelio. Es un llamado a despertar, entre todos los miembros de la Iglesia, la pasión por seguir a Jesús, con autenticidad heroica. Sí, heroica. La mediocridad es abominable (Ap.3,16).
Ya no necesitamos gastarnos en denunciar la catástrofe social que padecemos. El mal social a todo nivel ha subido como las aguas de una inundación amenazantes hasta las mismas puertas de preciosas mansiones de ricos y famosos…
Hoy la miseria argentina en la Argentina riquísima, desgarra corazones con inconscientemente injustos reclamos a Dios. El grito “dónde está Dios” ante situaciones límites, es un desafío a pastores y fieles de la Iglesia de Jesucristo. Como lo manifestó Juan Pablo II al comenzar el siglo XXI “los hombres de nuestro tiempo… piden a los creyentes de hoy no tanto hablar de Cristo, sino en cierto modo hacérselo ver”
Ante hechos, desde cholulos a aberrantes de sectores de la sociedad argentina que pretende construir una Nación al margen de Jesús y su Evangelio, los cristianos creyentes han de volverse a Jesús con heroica fidelidad a poner en práctica las máximas evangélicas en su vida personal-familiar-social-política. Han de pasar de ser simples bautizados a ardorosos discípulos del único Maestro porque es Dios, quien enseña por boca del Judío Nazareno, Jesús. Los pastores y el laicado en general con coraje y seriedad han de encarar todos los cambios pastorales tal cual pide el episcopado en Aparecida para que el Evangelio sea hoy lo que fue intención de sus autores: un intento de abrir posibilidades de un encuentro personal de cada persona con Jesucristo salvador.
Si en esta Cuaresma, católicos argentinos aceptan fielmente el llamado de Jesús a optar por sus enseñanzas y no quedar satisfechos simplemente por asistir los domingos a misa, las cosas irán mejorando… Las parroquias dejarán de ser simple “lugar” de rezos… la Misa se irá transformando en lo que debe ser: fuente y cumbre de vida cristiana…, fuerza de lo Alto para encarar una vida humana conforme al plan de Dios… Aparecerán comunidades testigos de que Dios está ahí… Está ahí donde dos o tres se reúnan para orar con el Evangelio y procesarlo con los conflictos de la existencia.
La crisis económica-social-política-familiar requiere grupos de creyentes en Jesús y su Evangelio, análogos a las que surgieron en los orígenes cristianos. Comunidades contagiadas por la pasión de Jesús por Dios -su Padre y por la gente- sus hermanas y hermanos. El hambre, el abismo entre ricos y pobres, la crisis argentina, un país con mayoría bautizados en la Iglesia Católica, tiene su raíz profunda en la falta de fe en Jesús muerto y resucitado. La Argentina necesita de Comunidades de Fe en Jesucristo. Necesita de Comunidades empapadas en el Evangelio que, codo a codo, con gente honesta se pongan a reconstruir el tejido social resquebrajado por la injusticia social y la corrupción. Así la Iglesia ofrece lo mejor: su Fe en Jesús, el Señor.

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“Aportes para una espiritualidad Pascual”


Carta de cuaresma del Obispo de Posadas
1er. Domingo de cuaresma – 01.03.09 (1ra. parte)


Por Mons. Juan Rubén Martínez

Iniciamos el tiempo cuaresmal como un tiempo de preparación para celebrar la Pascua, el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo, el Señor. Cada año celebramos la cuaresma y la Pascua, pero para nosotros los cristianos no es una mera repetición de ritos, sino que la liturgia que celebramos nos permite actualizar el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo, el Señor. Actualizar, o sea hacer presente aquello que sucedió históricamente. La liturgia celebrada, la Palabra de Dios que vamos leyendo, los signos y gestos de la cuaresma y Pascua, son una verdadera fuente de espiritualidad que deben implicar nuestra vida, opciones y criterios cotidianos. Un ritual solamente externo que no busque comprometer nuestras vidas y nos lleve a “convertirnos y creer en el Evangelio”, podría no ser una verdadera liturgia cristiana, que siempre es fuente de espiritualidad.

La cuaresma es un tiempo penitencial que busca en nosotros los bautizados que podamos realizar un verdadero examen de conciencia, y revisar que idolatrías dificultan tener a Dios como el absoluto de nuestra vida. La cuaresma es un tiempo de gracia en donde podemos desde la humildad y pequeñez internalizar el misterio pascual, el morir, para vivir en la nueva condición de hijos e hijas de Dios. La preparación cuaresmal y la Pascua, es celebrar el Amor, el Amor de Dios que nos busca en Jesucristo, el Señor, quien nos enseña que Dios no es un concepto, algo abstracto o lejano, sino que es nuestro Padre que quiere abrazarnos, besarnos y prepararnos una fiesta como el hijo pródigo del Evangelio.

Esta cuaresma 2009 nos encuentra como Diócesis tratando de asumir el momento de especial gracia vivido en el año jubilar en 2007, cuando celebramos los 50 años de creación de nuestra Diócesis, y buscando asumir el don de Dios vivido en nuestro primer Sínodo Diocesano. El Sínodo providencialmente pudo asumir en sus “Orientaciones pastorales” el documento de Aparecida, principalmente en su referencia a que en nuestro Continente podamos ser verdaderamente “discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan Vida”. Solo desde la conversión a Jesucristo, el Señor, podremos ser testigos y misioneros en este inicio del siglo XXI.

Una espiritualidad Cristo-céntrica y pascual
En esta reflexión cuaresmal quiero profundizar uno de los desafíos que señala el documento “Navega mar adentro”, de la Conferencia Episcopal Argentina, sobre la necesidad de orientar “la búsqueda de Dios” hacia una espiritualidad cristiana más madura y comprometida. Nuestro tiempo caracterizado por un fuerte secularismo, o sea la omisión de Dios, y una creciente indiferencia, sobre todo en el mundo urbano, convive con una masiva religiosidad y búsqueda de espiritualidad “que requiere canales adecuados para promover el auténtico encuentro con Dios” (N.M.A. 29).

La providencia nos regaló el documento de Aparecida que nos impulsa a tener una mayor espiritualidad para ser “discípulos y misioneros de Jesucristo”. La clave de la espiritualidad es poner la centralidad en la persona de Jesucristo. En Él hemos conocido que Dios, no es un Dios lejano, una abstracción, sino que es nuestro Padre. Un Padre que nos ama, que quiso estar en medio nuestro, que envió a su Hijo quien se encarnó, que nació en un pesebre, y que nos amó tanto que dio su vida, para que nosotros la tengamos en abundancia. Por eso en la Pascua celebramos “el Amor de Dios”.

El documento de Aparecida señala: “El Señor nos dice: “No tengan miedo” (Mt. 28,5). Como las mujeres en la mañana de la Resurrección, nos repite: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? (Lc. 24,5). Nos alientan los signos de la victoria de Cristo resucitado, mientras suplicamos la gracia de la conversión y mantenemos viva la esperanza que no defrauda. Lo que nos define no son las circunstancias dramáticas de la vida, ni los desafíos de la sociedad, ni las tareas que debemos emprender, sino ante todo el amor recibido del Padre gracias a Jesucristo por la unción del Espíritu Santo… Aquí está el reto fundamental que afrontamos: mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y formar discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo. No tenemos otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en la Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias. Este es el mejor servicio -¡su servicio!- que la Iglesia tiene que ofrecer a las personas y naciones” (14).

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!


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Compartiendo el Evangelio: Las tentaciones de Jesús

Aquí es importante la presencia de Jesús porque llega el momento, es el tiempo. ¿Cuál es el tiempo? Que El viene a cumplir la voluntad del Padre y por lo tanto el Reino de Dios está muy cerca.

Reflexión de Mons. Rubén Oscar Frassia


Domingo 1 de marzo de 2009
1º domingo de Cuaresma
Evangelio según San Marcos 1, 12-15 (Ciclo B)

Queridos hermanos, este domingo 1º de marzo entramos en un tiempo especial, comenzamos la Cuaresma. Un tiempo de gracia, de conversión, de llamado de Dios para encontrarnos con el Señor.

Evangelio: las tentaciones de Jesús.

Estamos ante el espíritu de Jesús, que nos lleva al desierto donde convive con las fieras y los ángeles lo sirven en una perfecta armonía. Pero está el tentador Satanás, que lo quiere tentar durante esos cuarenta días.

Aquí es importante la presencia de Jesús porque llega el momento, es el tiempo. ¿Cuál es el tiempo? Que El viene a cumplir la voluntad del Padre y por lo tanto el Reino de Dios está muy cerca.

La presencia de El es renovar el amor de Dios en su Hijo, Cristo, para darnos a nosotros la salvación. ¿Y qué nos pide la presencia de Jesucristo? Que nos convirtamos y creamos en la Buena Noticia, en el Evangelio.

El Papa Benedicto XVI, en su mensaje para esta Cuaresma, nos pide tener en cuenta tres elementos muy importantes: el ayuno, la oración -a través de la lectura de la Palabra de Dios-, y la limosna -que es la caridad y el servicio a los más pobres-. Entre ellos el Papa subraya la importancia del ayuno y también nosotros tenemos que entrar en este tiempo de gracia, la Cuaresma.

¿Qué tenemos que vivir y qué tenemos que pensar?

Que tenemos que volver a Dios.

Que tenemos que orientar nuestra vida de una manera diferente.

¿Quiénes tienen que cambiar?

¿Los demás o también nosotros?

¡Los demás tendrán que cambiar, pero también nosotros tenemos que cambiar!

Es una llamada personal y personalmente tenemos que reorientar las cosas. Es ahí donde tendremos que ponernos en camino, como peregrinos, para pedirle al Señor que perdone nuestros pecados. Y que no sólo nos perdone sino que ¡hagamos la voluntad de Dios!, ¡cumplamos con la voluntad de Dios!, ¡unamos algo muy importante: doctrina y vida!

La Cuaresma es un tiempo de gracia pero también es respuesta nuestra. Y la respuesta es: “en la medida que yo reconozco que tengo pecados, que soy un pecador, en la medida que me de cuenta de mis errores, voy a hacer posible poner la voluntad y para cambiar”

¡No hay que perder el tiempo!

¡No hay que distraerse!

¡No hay que ser superficial!

¡Hay que meterse dentro de uno, en el propio interior, en la propia vida!

¡Hay que hacer un ayuno no sólo de comida!

¡Ayuno de palabras!

¡Hablamos, hablamos, hablamos, y realmente no queda nada!

¡Decimos tantas cosas, juzgamos, somos tan superficiales!

¿No será el momento de ser más sobrios?

¿No será el momento de ser más austeros?

¿No será el momento de entrar más en la intimidad con Dios en nuestro corazón y en nuestra alma?

¡Este es el tiempo de gracia! El Señor nos pide que nos convirtamos y que creamos en la Buena Noticia del Evangelio. La gracia está; depende de que cada uno tome en serio este tiempo y que podamos convertirnos, modificarnos y sobre todo poner la voluntad.
Porque hoy el mundo hace lo que quiere, lo que siente, pero no es justo hacer lo que siente. Lo que es justo es hacer lo que tiene que hacer. Por eso lo específico de un hombre es la voluntad y la inteligencia.

Que el Señor los bendiga a todos y que el inicio de esta Cuaresma, a través del ayuno, de la oración y la limosna, podamos encontrarnos y encontrar al señor que es nuestra vida. Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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“Está escrito, no sólo de pan vive el hombre…”


La figura del Mesías es siempre la presencia del amor de Dios entre los hombres, quien desde la eternidad de Dios se hace carne, se hace hombre, vive entre los hombres y se mezcla con ellos.
I Domingo de Cuaresma (b)


Por Mons. Marcelo Martorell

“Está escrito, no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mc.4,4)

La cuaresma que hemos comenzado el miércoles de ceniza, es un tiempo especial en la Iglesia, tanto para la liturgia como para la vida común de todo ser cristiano. Es un tiempo especial de oración y penitencia que prepara nuestro corazón para vivir la gracia de la Pascua de Resurrección.

La liturgia cuaresmal se desarrolla sobre una doble faz: por una parte se destacan los momentos fundamentales de la vida de Israel en relación a la Historia de la Salvación, especialmente en el Antiguo Testamento. Y por otra parte, se destacan los hechos más sobresalientes de la Vida de Jesús, hasta su muerte y resurrección, presentados en el Nuevo Testamento.

El amor de Dios roto por el pecado de Adán, sufre un largo proceso de reconstrucción por parte de Dios a lo largo de toda la historia. Esta historia es la que llamamos “Historia de la Salvación”. El tiempo de la Cuaresma, como los otros tiempos litúrgicos, como el Adviento, la Pascua o Pentecostés, ocupan un lugar privilegiado en esa Historia Salvífica. Así pues las intervenciones de Dios en la historia del hombre, tienen un solo propósito: volver al hombre alejado de Dios a su Amor.

Entre estas intervenciones, la liturgia de hoy nos muestra la “Alianza de Dios con Noé” al final del diluvio (Gen.9,8-15). Ciertamente el pecado del hombre produce el enojo de Dios, enviando sobre la tierra el diluvio que extermina todo ser viviente excepto a Noé, sus hijos y las especies animales elegidas por él. Cuando pasa el diluvio y Noé baja a tierra ofrece junto a sus hijos un “sacrificio de alabanza y acción de gracias a Dios” y dijo Dios a Noé y a sus hijos: “he aquí que establezco mi alianza con vosotros…y nunca más será aniquilada toda carne por las aguas del diluvio, para destruir la tierra”. El castigo divino, lleva siempre consigo la promesa de la salvación, Dios manifiesta su amor y ternura por el hombre, el fruto más preciado de la creación. Recordemos, cuando acontece el pecado de Adán, Dios, compadecido, le promete un Salvador…Y cuando realiza la Alianza con Noé, hace aparecer el arco iris de colores, signo de la paz y de la unión del cielo y de la tierra…No obstante, estos son simplemente signos y figura del gran signo del amor de Dios: Cristo, Alianza eterna de Dios con el hombre.

La figura del Mesías es siempre la presencia del amor de Dios entre los hombres, quien desde la eternidad de Dios se hace carne, se hace hombre, vive entre los hombres y se mezcla con ellos. En el Jordán -cuando recibe el bautismo- sacraliza para siempre el signo que será Alianza de Salvación e implantará a las aguas del perdón y el arrepentimiento, la fuerza del fuego y del Espíritu, que remontará el corazón del hombre hacia la gracia de la eternidad.

En el evangelio de hoy, Jesús es tentado por Satanás en el desierto. Mezclado entre los hombres, se hace semejante a ellos; y por lo tanto, en un momento tan importante como el retiro del Señor que prepara su Pascua, no podía ser menos que ningún hombre. Aceptando ser tentado por Satanás y vencido éste por la fuerza de su propio espíritu, enseña a los hombres que serán tentados con tentaciones que fomentan las intenciones ambiciosas, las ansias de poder, de triunfo y de gloria. Allí se esconde la intriga de Satanás. Cuando el hombre cree que todo proviene de sus manos y de su inteligencia para hacer la realidad del mundo. Cuando el hombre cree que Dios no existe, que hay que romper los valores de la vida, que él es el señor de la vida y de la historia, Satanás encuentra el terreno propicio para su obra, y su obra es la destrucción del mundo y de la vida, precisamente porque todo el obra de Dios. Entonces la destrucción, la esclavitud del mal y el desprecio por la vida serán el precio por sucumbir a tal tentación.

Para destruir estas y otras posibles incitaciones al mal es necesario mantener la palabra de Jesús en el Evangelio: “Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto” (Lc. 4,28).
En este culto se encuentra la salvación del hombre y la grandeza del mundo, como obra del Señor. Aquí se halla el perdón y la grandeza del corazón del hombre amado por Dios.

Que la virgen Madre nos lleve a buscar el amor de Dios sobre todas las cosas.

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Exceso de venganza


La realidad histórica en estos tiempos está sometida a un proceso ideológico totalitario. La ciudadanía está llamada a tomar decisiones racionales.

Por Nélida Rebollo de Montes

Un gobernante lúcido debe reconocer que la estrategia de desgaste y hostilidad, sin límites contra los que considera enemigos o piensan diferente ofrece a la ciudadanía y a la oposición la perspectiva de sumar adhesiones. Además el poder con táctica de venganza orientada hacia un objetivo político sólo le devuelve a ese poder reprobación y antipatía.
Son muchas las equivocaciones y cada vez más graves los errores de actuar y opinar con ligereza por falta de cultura histórica y por la ceguera en la continuidad de la provocación a quienes reclaman medidas justas.
La presidenta de nuestro país Cristina Fernández de Kirchner y la Ministra de Defensa Nilda Garré quitaron la guardia de Granaderos a Caballo en Yapeyú, instalada como homenaje permanente a su creador e hijo dilecto, Don José de San Martín, para trasladarla a Buenos Aires y recordar allí el 172º aniversario del natalicio del Padre de la Patria.
¿El motivo fue negarle al vicepresidente en ejercicio, Julio Cobos, presidir, por decisión del pueblo y gobierno de Yapeyú el homenaje al Libertador de tres Naciones? La protesta clamorosa por el agravio inferido invadió todos los ámbitos de nuestro país como así también las imágenes televisivas de banderas argentinas enarboladas en el pueblo natal de San Martín, que además, decidió vestir de granaderos a niños oriundos de la localidad quienes representaron, en una tierna edad, el cuerpo de granaderos creado por San Martín en el homenaje que se le hiciera en Yapeyú.

Los episodios hostiles y mordaces que se suceden desde las altas esferas con provocaciones en los discursos y acciones intimidatorias contra los ciudadanos o las instituciones que reclaman justicia ante el desconocimiento de la situación económica en que viven. A esto no escapa la errónea política agropecuaria que lleva a cabo el gobierno sin querer entender la verdadera realidad del sector rural que tiene que hacer frente permanentemente a problemas distintos que se vienen sucediendo, tras la pretensión de aplicar la resolución 121.
La creencia generalizada es que este gobierno no quiere que el país crezca y odia el campo. La entrevista concedida a la Comisión de Enlace transcurrió con la presencia de los invitados en un prolongado monólogo sin soluciones. Después de la entrevista la desconfianza y la bronca continuaron. La decepción es tal por haberse cambiado un sistema transparente por actitudes revanchistas.
La Comisión de Enlace opina que las retensiones siguen siendo altas a pesar de que la gente de los pueblos del interior han agotado sus recursos y revisten en un nivel de extrema pobreza habiendo comenzado ya la pérdida de empleos en las ciudades con los consiguientes problemas personales a los que hay que seguir asistiendo, aún en desventajas de lo que significa no poder recaudar y seguir siendo víctimas del acoso tributario; pero la trama intimidatoria sigue con ciertas amenazas a los ruralistas, tal el proyecto de la presidenta de estatizar el comercio de granos. La reacción ha sido inmediata al advertir que si eso tiene viso de verdad se agravará el conflicto. Por el momento la cadena agroindustrial rechazó en forma decisiva y rotunda el proyecto que estudia el gobierno para estatizar todo el comercio de granos.

Aproximadamente veinticinco entidades de productores agropecuarios, industriales, exportadores y corredores de granos han publicado el sábado 28 del corriente mes de febrero de 2009 una solicitada en la que advierten que una medida de estas características “pondrá a la sociedad argentina al borde de otro conflicto innecesario y de consecuencias impredecibles”. De concretarse la medida pondría en manos del Estado un negocio de 25.000 millones de dólares. Como ya hubo una apropiación millonaria del gobierno en las AFJP (Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones) que constituye lisa y llanamente una estafa, la gente piensa en un nuevo intento de hurto, ahora con el campo.
El rechazo a la obediencia ciega significa no permitir la intención de envilecer al pueblo y menos aceptar que se les anule toda capacidad de juicio moral y de independencia de espíritu. Si esto sucediera la sociedad y su gente se vuelven despreciables.
Con frecuencia olvidamos que el hombre se hace hombre en relación con sus semejantes, recogiendo enseñanzas y experiencias saludables. Asimilar la maldad, la indiferencia, la venganza y tantas otras crueldades no deja margen para ser cada día mejor en consonancia con la civilización que permite a las naciones mantener el orgullo de su condición moral e intelectual para que la cultura les haga recuperar la energía interna y el respeto así mismo. Estas cualidades tienen un valor incalculable.

Vivimos, en cambio, la triste realidad del desprecio a los valores éticos, burlados por los que no se reconocen en ellos, ni qué decir de los “valores políticos” reemplazados por la ambición desmedida. ¿Y los valores económicos?: son tenidos en cuenta con el único propósito de servirse así mismo a costa de la miseria de los demás. Se está degradando la concepción de la existencia del ser humano en el que deben persistir los valores éticos que constituyen la dirección más elevada de la personalidad, así la vida adquiere una forma humana regida por una ética personal.
Ojalá podamos superar el virus del odio, la privación extrema, la constante vulgaridad, la codicia, el enriquecimiento ilícito, la injusticia, la indiferencia cómplice; la docilidad del rebaño; el desenfreno sexual del violador, el pedófilo y de todo los desvíos del instinto animal que no se detienen ni ante la profanación de la infancia.
Tenemos que tener en cuenta el contenido permanente de las instituciones democráticas; confraternizar con las personas dedicadas a los asuntos públicos; aproximarnos al conocimiento global de las manifestaciones democráticas de este siglo para convivir con ellos.
Nos está haciendo falta un cambio que detenga los excesos de corrupción, inseguridad y bestialidad con que se asesina, se humilla y se despoja de sus bienes a las víctimas con increíble frialdad. Como dijera en otro comentario está en juego el destino de cada uno que amenaza convertirse en objeto de tragedia y de infelicidad por obra del desorden inmoral.
No es un secreto que se han desbordado los límites en el comportamiento y en el sentido que cada uno debe darle a su vida. Basta ya de dejar que impongan una visión perversa en las reacciones y en los hechos. No nos dejemos amedrentar con el vértigo ideológico de los que quieren imponer su dominio sobre nuestra libertad responsable de pensar. Hay que luchar por la soberanía moral que es sostén de la democracia cada vez más amenazada por el totalitarismo que niega el derecho de la ciudadanía a ser patrióticamente libre.

San Agustín decía que los actos injustos son meros latrocinios. De ahí el deber de enseñar a luchar contra la injusticia y contra la continuidad de la locura autoritaria si queremos que haya salvación para cada uno. Es alentador que algunos políticos, intelectuales, periodistas y ciudadanos en general comiencen a manifestarse con una lúcida autocrítica moral y política contra los que no desean la libertad sino la instauración de un despotismo de sectarios.

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Disculpa heroica, aunque inútil


La consigna de no hacer olas equivaldría al intento de calmar el Tsunami haciendo la plancha.

Por el Dr. Juan E. Olmedo Alba Posse

Ficción
Conmueve de veras la humilde disculpa de monseñor Williamson, pero también suscita inquietudes más allá de cualquier consideración sobre el “Holocausto”. Nos encontramos –se ve bien claro- en presencia de un formidable espejismo que está envolviendo a todo el mundo; incluso a las víctimas de la engañifa. Porque por más que se examinen las cuidadosas declaraciones del prelado –“creo que…”, “creo que…”- expresadas un mes antes de la aviesa detonación, resulta imposible encontrar nada, ni lo más mínimo, que refleje una acción vituperable. El escándalo proviene del invento agigantado con fines evidentes por todos los medios de persuasión, imponiendo una fantasía sobre la realidad. Ni más ni menos. Y lo peor, con virulencia para aplastar el entendimiento, haciendo saltar los fusibles de la razón. Como el principio de contradicción, al invocarse simultáneamente los Derechos del Hombre.

Bombazo y burbujas.
Aquí no ha ocurrido nada de parte del gran acusado, ni inmoral ni contra la historia. Solamente el estallido de un artefacto nuclear absolutamente vacío, sin ningún ingrediente explosivo. La farsa de una bomba estruendosa aunque ficticia, para dar una lección a todo el mundo. Y la paradoja más rechinante, es que al mismo tiempo suenan como tenues burbujas las blasfemias de la T.V. israelita contra lo más Sagrado; borrándose a la par de los diarios, como el Bigh Brother, las devastaciones del Líbano y Gaza. Tanto contrasentido bombardeado a toda hora sin respuesta de nadie, acentúa el acatamiento a lo que mande el Poder Mundial, contra Dios y contra el hombre. Frente a todo lo cual, la consigna de no hacer olas equivaldría al intento de calmar el Tsunami haciendo la plancha.

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viernes, 27 de febrero de 2009

El Card. Sodano contesta a las críticas de Hans Küng al Papa


En respuesta a la entrevista concedida por el teólogo Hans Küng al diario francés Le Monde, y que republicó en Italia el diario La Stampa, el cardenal Angelo Sodano, Decano del Colegio Cardenalicio, manifestó que “una crítica fraterna siempre es posible en la Iglesia, desde los tiempos de san Pedro y san Pablo. Una crítica amarga en cambio, y más si es tan genérica, no contribuye al bien de la Iglesia".

En la mencionada entrevista, el teólogo suizo, catedrático de Tubinga que fue suspendido por la Santa Sede en 1979 por sus opiniones contrarias a la fe católica, criticaba particularmente la decisión del Papa Benedicto XVI de levantar la excomunión de los obispos 'lefebvristas'.

Küng criticaba también el mantenimiento del celibato de los sacerdotes y de la condena de la anticoncepción, entre otros asuntos, y afirmaba que estas posturas llevarían a la Iglesia a una posición "minoritaria".

En relación con el levantamiento de la excomunión, el cardenal Sodano afirmó que el Papa, "a quien el Espíritu Santo ha colocado para gobernar la Santa Iglesia de Dios, está trabajando mucho por la unidad en esta hora importante de la historia".
El purpurado se declaró "interiormente herido" al leer la entrevista, y añadió que se trata de "afirmaciones genéricas y no probadas. Personalmente soy testigo del empeño del Santo Padre por hacer de la Iglesia una familia, la familia de los hijos de Dios".

"No comprendo cómo un diario italiano, bien al corriente del trabajo del Papa, haya querido ofrecer tanta publicidad a esta entrevista", añadió.

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“Hijo, tus pecados te son perdonados”


Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el 7º domingo durante el año (B)
(22 de febrero de 2008)

I. “¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?”

1. Inmediatamente después de la narración de la purificación del leproso, que leímos el domingo pasado, el Evangelio según Marcos trae la curación de un paralítico (Mc 2,1-12). Y con ella profundiza el sentido de las curaciones que realiza Jesús. No se trata sólo de curaciones médicas del cuerpo, sino que simbolizan que Jesús comienza a construir el Reino de Dios que anuncia, removiendo los obstáculos que impiden ingresar a él. La escena no deja dudas. Cuando todos están esperando que Jesús pronuncie una palabra o haga un gesto que cure al paralítico, sale con una frase desconcertante: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (v.5).

2. Toda la escena muestra que Jesús ve en profundidad. Es a ese nivel que él quiere actuar. Ve, primeramente, al hombre en su dignidad original. De allí, el tono afectuoso con el cual se dirige al paralítico: “¡Hijo!”. Más que del pecado, Jesús se interesa del pecador. Siempre el hombre primero. Ve también la obra destructora del pecado, del que la parálisis corporal es un símbolo. Nada paraliza más al hombre. Y ve los pensamientos de los escribas, testigos de la escena, que murmuran: “¿Qué está diciendo este hombre? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?” (v.7).

3. La primera lectura, del profeta Isaías, muestra cómo el pecado daña gravemente la relación del hombre con Dios: “¡Israel, me has abrumado con tus pecados, me has cansado con tus iniquidades!”. Y que es preciso que Dios intervenga para solucionar la situación: “Soy Yo, sólo Yo, el que borro tus crímenes por consideración a mí, y ya no me acordaré de tus pecados” (Is 43,24-25).

San Pablo mostrará que el pecado tiene una presencia universal: “Todos están sometidos al pecado, tanto los judíos como los que no lo son… Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Rom 3,10.23). Y que salir del pecado no le es posible al hombre solo. Ha roto la amistad con Dios, y sólo Dios la puede restaurar. De allí que Cristo venga, viva y muera por nosotros pecadores: “La prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores” (Rom 5,8).


II. “El Hijo del hombre tiene poder de perdonar”

4. Los que murmuran contra Jesús no se equivocan en atribuir sólo a Dios el poder de perdonar los pecados. Su error está en no ver más allá de las apariencias humanas de Jesús. Todo en él está diciendo que “ha venido a llamar no a los justos, sino a los pecadores” (Mc 2,17). Y que tiene poder para ello. La escena de hoy lo muestra inequívocamente: “Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados – dijo al paralítico – yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Él se levantó enseguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: `Nunca hemos visto nada igual’” (Mc 2,10-12).


III. “Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores”

5. Solemos quejarnos que el mundo moderno ha perdido el sentido del pecado. ¿No habremos de hacernos primero el planteo hacia adentro? ¿Qué sentido del pecado tenemos los cristianos? ¿Lo vemos como una situación catastrófica del hombre, pero que no vence a Dios, y que él aprovecha para mostrar su infinita misericordia? ¿Comprendemos el pecado a la luz de la venida de Jesucristo? Los Evangelios unen permanentemente los dos términos. “Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mc 2,17). El mismo nombre de Jesús es explicado por el Ángel en relación al perdón de los pecados: “Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). En su última acción de gracias, Jesús nos revela que su sangre es “la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados” (Mt 26,28). Los demás escritos apostólicos hacen lo mismo. El Cristo que nosotros conocemos es el que vino por los pecadores. Por el amor misericordioso que nos tiene. Como afirma la primera carta a Timoteo: “Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mi toda su paciencia, poniéndome como ejemplo de los que van a creer en él para alcanzar la vida eterna” (1 Tm 1,15-16). Podríamos llenar páginas con citas bíblicas que muestran la relación “pecado del hombre y venida de Cristo”, cuyo mejor fruto es el amor compasivo de Dios hacia el pecador, manifestado por medio de su Hijo.

6. En la Iglesia contemporánea hemos aprendido a valorar el amor de Cristo por los pequeños, pobres, débiles, sufrientes y marginados de todo tipo. Pero conviene que nos preguntemos: ¿no estaríamos olvidando, quizá, el amor que brilla en los Evangelios, que es el amor de Cristo por los pecadores? Si fuese así, correríamos el peligro de olvidar la razón más profunda de su venida y de la misión evangelizadora que confió a su Iglesia. Y el amor preferencial por los pobres quedaría sin sustento sólido.


Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia

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Mejores expectativas económicas de los argentinos, pese a la crisis

Estadísticas

La Universidad Católica Argentina (UCA) presentó el Índice General de Expectativas Económicas (IGEE) correspondiente al mes de febrero, que revela que una ligera mejoría en las expectativas de los argentinos, pese al contexto de fuerte incertidumbre por las consecuencias de la crisis económica mundial.

No obstante, tras haber experimentado una persistente tendencia a la baja durante todo 2008, el índice permanece en un nivel cercano a sus mínimos históricos.

De este relevamiento también se desprende que la inseguridad sigue siendo el problema que más preocupa a los argentinos. Este tema continúa ocupando el primer lugar en la medición de enero (29%), mientras que –en un contexto de fuerte incertidumbre por las consecuencias de la crisis económica mundial- el desempleo (14%) volvió a posicionarse en segundo lugar.

En el orden de prioridades manifestado por los entrevistados siguen la educación (14%), la pobreza (12%) y la corrupción (10%). La inseguridad es el problema que más afecta al país para la mayoría de los segmentos sociodemográficos, con excepción de los entrevistados de clase alta y los universitarios, que mencionan en primer lugar a la educación. El desempleo ha vuelto a ubicarse entre las prioridades, después de haber perdido protagonismo durante 2008. En el interior del país se manifiesta una mayor preocupación por este tema (17% vs. 10% en el Gran Buenos Aires y 3% en la Capital Federal) mientras que, tanto la preocupación por la pobreza como la asociada a la corrupción reciben más menciones entre los entrevistados de clase alta y media alta.

En esta nueva medición se entrevistaron 1.009 personas en 26 localidades de todo el país, entre el 22 y el 29 de enero de 2009. El proceso de selección de la muestra es probabilístico polietápico, de acuerdo con cuotas de sexo y edad establecidas por el Censo Nacional de Población. Los resultados del estudio son representativos de la población adulta argentina.

Este indicador es elaborado por la Escuela de Economía de la UCA y TNS Gallup, con el objetivo de registrar la opinión de los ciudadanos acerca de la situación económica actual y futura, así como su percepción sobre el empleo, el ingreso familiar y su capacidad de compra de bienes durables.

Más información en www.uca.edu.ar

Fuente AICA
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Se abrió el proceso sobre un presunto milagro de Brochero

Presidido por el arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos José Ñáñez, y la presencia de los obispos de la provincia de Córdoba, el jueves 26 de febrero a las 18, se llevó a cabo en la sede del arzobispado cordobés el acto de apertura del proceso diocesano sobre el presunto milagro atribuido al Venerable José Gabriel del Rosario Brochero.

Estuvieron presentes los obispos Eduardo Eliseo Martín, de Villa de la Concepciópn del Río Cuarto; Carlos José Tissera, de San Francisco; Santiago Olivera, de Cruz del Eje; Abdo Arbach, exarca apostólico de los fieles Greco-Melquitas católicos de la Argentina; y Omar Colomé, emérito de Cruz del Eje.

Participaron también de la celebración el vicepostulador de la causa de beatificación, padre Julio César Merediz SJ.; los miembros del Tribunal designados por el arzobispo de Córdoba, para la instrucción de la investigación jurídica del proceso canónico del posible milagro atribuido al Venerable José Gabriel del Rosario Brochero: el delegado episcopal padre Dante Simón SDB, Vicario Judicial; el Promotor de Justicia, presbítero Fernando Hugo Rodríguez; los notarios, presbítero Osvaldo Luis Morero, Olga Raycevich y Matías Pedro Lorenzati; y el perito médico del Tribunal, hermano doctor José Alberto Molina SJ.

En la primera parte de la ceremonia el padre Simón hizo la apertura explicando las etapas que requiere el proceso de canonización, “complejo porque involucra la participación de tantas personas y de distintas especialidades”. Pero además expresó que “lo que estamos viviendo ahora nos llena de esperanza, porque Dios siempre obra y lo seguirá haciendo”, y pidió a los obispos presentes que animen a los fieles en sus diócesis a rezar por el proceso de beatificación del Cura Brochero, “ya que es una bendición muy grande para la Iglesia en la Argentina que nuestro querido Brochero sea propuesto como modelo a los sacerdotes y a todos los fieles”.

Posteriormente el secretario canciller de la curia eclesiástica de Córdoba, Silvio Roger Loto, dio lectura al decreto de nombramiento del tribunal designado para el proceso.

Seguidamente se vivió el momento más importante: la Apertura del proceso, cuando el Señor Arzobispo de Córdoba tomó juramento de oficio, donde los obispos presentes y los miembros del Tribunal prestaron juramento de fidelidad de cumplir fielmente el oficio encomendado de guardar reserva de todo lo que se conozca en la causa de investigación sobre el presunto milagro atribuido al Venerable José Gabriel del Rosario Brochero.

La ceremonia transcurrió en un clima de formalidad, tal como lo requiere el caso, pero con el estilo y la espiritualidad brocheriana. Los presentes escucharon una reflexión del padre Carlos Oscar Ponza, vicario episcopal para los Movimientos y Asociaciones y delegado para la Vida Consagrada de la arquidiócesis de Córdoba, quien destacó la figura de Brochero como modelo de Pastor y de sacerdote párroco, que de verdad practicó el Evangelio. “El distintivo de su obra fue su capacidad para amar, por amor se identificó con su gente y con el lugar donde evangelizó”. Luego citó un artículo periodístico “El Cura de aldea. José Gabriel Brochero”, publicado en 1887 en el diario El Interior Córdoba, donde se lo describe al cura Brochero como un hombre que “tomó el apostolado en serio”.

El acto de apertura del proceso concluyó con la oración de todos los presentes pidiendo la glorificación la glorificación de Brochero, y con la bendición final de monseñor Ñáñez.

Fuente AICA
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Sábado de Ceniza


…Yo he venido a llamar a los pecadores…

Lectura del libro del profeta Isaías 58, 9b-14

Así habla el Señor:

Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía.

El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan.

Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán «Reparador de brechas», «Restaurador de moradas en ruinas.»

Si dejas de pisotear el sábado, de hacer tus negocios en mi día santo; si llamas al sábado «Delicioso» y al día santo del Señor «Honorable»; si lo honras absteniéndote de traficar, de entregarte a tus negocios y de hablar ociosamente, entonces te deleitarás en el Señor; yo te haré cabalgar sobre las alturas del país y te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob, porque ha hablado la boca del Señor.


Palabra de Dios.


SALMO Sal 85, 1-2. 3-4. 5-6 (R.: 11a)

R. Indícame tu camino, Señor, para que viva según tu verdad.

Inclina tu oído, Señor, respóndeme,
porque soy pobre y miserable;
protégeme, porque soy uno de tus fieles,
salva a tu servidor que en ti confía. R.

Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor,
porque te invoco todo el día;
reconforta el ánimo de tu servidor,
porque a ti, Señor, elevo mi alma. R.

Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan:
¡atiende, Señor, a mi plegaria,
escucha la voz de mi súplica! R.

EVANGELIO
X Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 27-32

Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: «¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?»

Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan.»


Palabra del Señor.


Para reflexionar

Seguimos escuchando lecturas del profeta Isaías que nos enseñan cuáles son los caminos de Dios. Si ayer se relativizaba el ayuno, para que fuera acompañado de obras de caridad, hoy es la observancia del sábado, otro de los puntos fuertes de los judíos, y que aquí aparece alabado, pero en un marco más amplio de vida de fe.
Se alaba lo que se hacía en este día del sábado: abstenerse de viajes, consagrar el día a la gloria de Dios, no tratar los propios negocios. Pero esto lo sitúa el profeta, en un contexto de otras actitudes que vuelven a incidir en la caridad fraterna y en la justicia social: desterrar la opresión y la maledicencia, partir el pan con el hambriento.
A Dios se llega por la justicia hacia los hermanos, el compromiso por hacerlos más libres, la aceptación de todos y la comunicación de bienes. Sólo de esta manera se transforma la persona y se realiza el proyecto del Señor.

Jesús, saliendo de una casa, en Cafarnaúm, vio a un publicano, llamado Leví, sentado en la mesa de recaudación de impuestos. Leví sería un hombre rico: sus bolsillos se llenaban a expensas del pueblo humilde, antes de llenar las arcas del Estado.
Jesús quiere establecer la comunidad de sus seguidores. En esta comunidad no están ausentes los zelotes, casi terroristas que luchaban contra la dictadura del poder extranjero. Y ahora se atreve a llamar nada menos que a un publicano, al recaudador de impuestos, colocado allí por la potencia dominadora. Con estos personajes, tan antagónicos, Jesús construye la nueva comunidad signo de la presencia viva del reino.
Leví responde incondicionalmente, radicalmente, inmediatamente. Abandonando todo, deja su vida de pecado que lo ha tenido sentado e inmóvil. Ha sido conquistado por Cristo; en la mirada y el llamado lleno de amor del Maestro, ha descubierto la nueva posibilidad de su vida.
Sintiéndose amado, perdonado, elegido por Cristo, Leví se ha encontrado a sí mismo, ha encontrado la casa donde, sin temor, recibir al Señor y lo recibe feliz porque antes se ha sentido recibido y aceptado por Él. La comida de Jesús con los pecadores es la realización del banquete del Reino, es el encuentro de los hombres con Dios, la fiesta de la misericordia de Dios, que ofrece gratuitamente su perdón y su intimidad.
Los fariseos, que no pueden comprender la gratuidad de un Dios de misericordia que viene a nuestro encuentro, cuestionan el comportamiento de Jesús y sus discípulos. La respuesta de Jesús no se hace esperar. En ella está el sentido de su presencia en medio de los hombres. No ha venido para los sanos, sino para los enfermos, no ha venido a llamar justos, sino pecadores, para que se arrepientan.
El proyecto que Jesús de Nazaret pone de manifiesto es el proyecto de Dios. La práctica de ritos externos, ya no es la única mediación para cumplir la voluntad de Dios; ahora la mediación necesaria y directa es la "misericordia", que brota del amor y la justicia. Seguir a Jesús y aceptar su proyecto, es aceptar la invitación que el Padre nos hace a través de su Hijo amado; en la que muestra su amor misericordioso por todos los hombres y mujeres de la tierra.
La Iglesia tiene que continuar siendo un espacio de misericordia, de amor y de paz; donde los hombres puedan seguir esperando. Ella está llamada a ser el lugar donde todos, sin excepción, puedan experimentar la ternura y la misericordia amorosa del Padre. El mundo, podrá transformarse sólo, desde la práctica de la misericordia que lleva a contemplar el Rostro de Dios, que sale a buscar a los que viven como ovejas sin pastor, para ayudarlos a descubrir el camino de la salvación. Si la Iglesia pierde su ser de misericordia, pierde también su misión en la historia.
Nadie puede quedar excluido de la acción evangelizadora y pastoral de la Iglesia. La Iglesia de Cristo no puede querer conservar su santidad alejándose de los pecadores. Una Iglesia que desprecie a los pecadores y se aleje de ellos, como si fueran un trapo sucio, no puede llamarse realmente Iglesia de Cristo, porque el mismo Señor se acercó al pecado y al pecador para darles nueva vida. La Iglesia vino a salvar todo lo que se había perdido.
No busquemos tener una Iglesia tan pura que caiga en la soberbia de condenar irremediablemente al que ha errado el camino. Nosotros creemos en la santidad de la Iglesia, porque Cristo, su Cabeza, es Santo, aún cuando nosotros, sus miembros, somos pecadores en un continuo proceso de conversión.


Para discernir

¿Cómo experimento mi relación con “los pecadores”?
¿Siento que mi fe me pone en un lugar superior a los demás?
¿Acepto los límites y pecados en la Iglesia?


Repitamos a lo largo de este día

"Sus llagas nos han curado" (Is 53,5c).


Para la lectura espiritual

…”La ascesis de los padres del desierto imponía un tiempo de ayuno agotador y privaciones rigurosas: hoy la lucha ataca otro frente. El hombre no necesita un suplemento dolorosísimo; cilicios, cadenas y flagelaciones correrían el riesgo de destrozarlo inútilmente. La ascesis consistiría más bien en imponerse un reposo, la disciplina de la calma y el silencio, en la que el hombre encuentre su capacidad de concentrarse en la oración y contemplación, aún en medio de la barahúnda del mundo; y sobre todo, recobrar la capacidad de percibir la presencia de los demás, de saber acoger a los amigos siempre. La ascesis se convierte así en atención a la invitación del Evangelio, a las bienaventuranzas: búsqueda de la humildad y la pureza de corazón, para liberar al prójimo y devolverlo a Dios.

En un mundo cansado, asfixiado por las preocupaciones y ritmos de vida cada vez más agobiantes, el esfuerzo se dirigirá a encontrar y vivir "la infancia espiritual", la frescura y la espiritualidad evangélica del "caminito" que nos lleva a sentarnos a la mesa con los pecadores y a compartir el pan juntos. La ascesis no tiene nada que ver con el moralismo. Estamos llamados a ser activos, viriles, heroicos, pero estas "virtudes" son dones de los que el Espíritu puede privarnos en cualquier momento; nada es nuestro.

En las alturas de la santidad está la humildad, que consiste en vivir en una actitud constante del alma en presencia de Dios. La humildad nos impide sentirnos "salvados", pero suscita una alegría permanente y desinteresada, sencillamente porque Dios existe. El alma reconoce a Dios confesando su impotencia radical; renunciando a pertenecerse. La ofrenda, el don de sí, es la humildad en acción. El hombre desnudo sigue a Cristo desnudo; permanece vigilante en su espíritu y espera la venida del Señor. Pero su alma lleva el mundo de todos los hombres; al atardecer de su vida, el hombre será juzgado de su amor”...

P. Evdokimov, La novedad del Espíritu, Milán 1980, 64-65.78s, passim.

Para rezar

Padre misericordioso,
Tú cuidas de todos los pequeños de la tierra
y quieres que cada uno sea signo e instrumento
de tu bondad con los demás.
Tú brindas tu amor a todo hijo herido por el pecado
y quieres unirnos a unos con otros con vínculos de fraternidad.
Perdóname, Señor, si he cerrado las manos
y el corazón al indigente que vive a mi lado,
pobre de bienes o privado del Bien.
Todavía no he comprendido que tu Hijo
ha venido a sentarse a la mesa de los pecadores;
me he creído mejor que los demás.
Por esta razón soy yo el pecador.
Haz que resuene tu voz en mi corazón,
llámame ahora y siempre, oh Dios.
Abandonando las falsas seguridades,
quiero levantarme para seguir a Cristo en una vida nueva.
Y será fiesta.



Un envío de la Vicaría Pastoral del Arz. de Buenos Aires

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jueves, 26 de febrero de 2009

En Cuaresma cambiemos la historia


En su mensaje de Cuaresma el Obispo de San Justo, Mons. Baldomero Carlos Martini, le recordó a su feligresía y a todos lo que buscan con sinceridad lo Verdadero, lo Bueno y lo Justo, que éste es un tiempo privilegiado para cambiar la historia: la personal, la familiar y la nacional.

Citando el documento Navega Mar Adentro (CEA, 31/05/2003) reiteró que el drama de nuestro tiempo es “la ruptura entre Evangelio y cultura”. Una ruptura que “compromete seriamente nuestra identidad eclesial y la identidad de nuestra nación.”

La crisis mundial no es sólo económica, afirmó el prelado, “es fundamentalmente una crisis moral”. Es urgente "cambiar el corazón de cada uno, que debe salir del caos para vivir en el orden y así renovar la vida, la familia y la sociedad".

Cambiemos la historia

Personal
La Cuaresma “es el tiempo para cambiar el corazón herido por el pecado y renovar nuestra vida”. Tengamos la valentía de hijo pródigo. “En la Liturgia de este tiempo, Dios se nos hace encontradizo, siempre nos busca, para darnos su abrazo de Padre Bueno que nos perdona y reconcilia sacramentalmente”.
Familiar

Redescubramos la oración y la escucha de la Palabra de Dios, porque “la familia que ora unida permanece unida y la bendice Dios”.

Nacional

Que nuestra participación y compromiso se oriente a lograr un cambio profundo en la Nación, que lo prioritario sea el mejor servicio al bien común y a los auténticos valores, y a los verdaderos derechos humanos que nacen de la dignidad humana.

Finalmente Mons. Martini impartió su bendición, encomendándole a nuestra Madre de Luján que nos haga superar el carnaval de la frivolidad y nos lleve al encuentro con Cristo.

NOTIVIDA, Año IX, Nº 578, 25 de febrero de 2009
Editores: Pbro. Dr. Juan C. Sanahuja y Lic. Mónica del Río
Página web http://www.notivida.org/
Email notivida@notivida.com.ar

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sábado, 21 de febrero de 2009

Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2009

¡Queridos hermanos y hermanas!

Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna— para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual). En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.

Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio” (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que “el ayuno ya existía en el paraíso”, y “la primera orden en este sentido fue dada a Adán”. Por lo tanto, concluye: “El ‘no debes comer’ es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia” (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98). Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar “para humillarnos —dijo— delante de nuestro Dios” (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: “A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos” (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.

En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el “alimento verdadero”, que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de “no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”, con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.

La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5). También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del “viejo Adán” y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: “El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica” (Sermo 43: PL 52, 320, 332).

En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. En la Constitución apostólica Pænitemini de 1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no “vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos” (cfr. Cap. I). La Cuaresma podría ser una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).

La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía “retorcidísima y enredadísima complicación de nudos” (Confesiones, II, 10.18), en su tratado La utilidad del ayuno, escribía: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura” (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708). Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. Enc. Deus caritas est, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.

Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: “Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia – Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención”.

Queridos hermanos y hermanas, bien mirado el ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. Enc. Veritatis Splendor, 21). Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma. Que nos acompañe la Beata Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, y nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en “tabernáculo viviente de Dios”. Con este deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 11 de diciembre de 2008





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